SEGUNDO ERROR: El auto es una inversión
Una inversión aumenta el valor de nuestro patrimonio a través del tiempo. Un gasto lo disminuye. Para invertir, como para ahorrar, tenemos que renunciar o postergar satisfacciones derivadas del consumo. Invertimos y ahorramos cuando dejamos de comprar un bien o un servicio. En cambio, gastar dinero nos permite disfrutar inmediatamente de un valor real o percibido.

Salvo que usted se dedique a la compra-venta o alquiler de automóviles, el auto es un gasto y no una inversión.

A cambio de una cantidad importante de dinero, obtenemos el único medio de transporte que nos permite elegir cuándo, donde y con quién queremos viajar. Hasta un taxi, el medio de transporte público más personalizado, nos impone ciertas restricciones, empezando por la presencia (y manejo) del taxista.

Hay algunos modelos, como el BMW 507, un fabuloso coupé del cual se fabricaron solamente 254 unidades entre 1956 y 1959, que hoy valen una fortuna. Si usted encuentra un 507, sin importar el estado de conservación, y lo compra por menos de 50 mil dólares, habrá hecho el negocio de su vida. Pero ésta es la excepción que confirma la regla. La gran mayoría de automóviles pierde valor en el tiempo y al final de su vida útil, que puede ser de 10 a 15 años, no valen casi nada.

Por supuesto, hay locos que pagan 500 dólares por un pedazo de chatarra de los 70 que todavía funciona. Pero son una especie en vías de extinción: el precio de la gasolina los está matando.

Si usted compra un auto para uso particular o familiar, tache la palabra inversión de su diccionario mental. No es aplicable.

Fuente: Revista Automás Nº 137 pp. 58-60

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