La primera “impresión” que tenemos de un objeto es lo visual y en el caso de los vehículos, denomínese auto o moto, definitivamente no es la definitiva. Para saber que es lo que queremos en realidad necesitamos mucho más. Nos podemos dejar “engañar” por los colores o accesorios exteriores, pero nuestro gusto visual no debería ser el ni siquiera el 50% a la hora de tomar una decisión como esta. Hay otras más importantes ( que más adelante les comentare ).

Es que cada una de estas “impresiones” dependen del espacio en el cual se esté apreciando el objeto. A veces las personas de las cuales me rodeo suelen decirme que están pensando conseguir un auto o moto, y observo que el detalle más llamativo a la hora de la decisión es el aspecto externo del mismo, sin importar otras cosas que en un futuro podrían hacer dolores de cabeza. Pero es que así somos los humanos: “nunca experimentamos por cabeza ajena”. Tomamos nuestras propias decisiones y decimos en tono desafiante; “¡es que es mi dinero!”, “¡soy yo el que lo voy a usar!”, “¡ese fue el que me gustó y punto!”, etc.

Cuántas veces hemos dicho alguna de estas frases a alguien que “sabiamente” nos da su concejo. Puede ser porque lo experimentó, supo de alguien más que lo experimentó, leyó un articulo o simplemente consultó en Internet y vió que la reseña ( “review” para algunos ) no era la mejor entre las personas que lo poseían. Pero muchas veces lo que me puede pasar a mi no es lo mismo que le pasó al otro porque son puntos de vista muy subjetivos de ver las cosas y en eso todos somos muy diferentes.

Para mi no vale que alguien me diga lo positivo o negativo de un objeto. Yo siempre me documento, investigo, pregunto y hago la lista de lo que en verdad necesito y quiero.

De lo anterior, lo mejor que se puede hacer, como primera medida, es conocer, dependiendo de mi necesidad y mi presupuesto, qué es lo que está a mi alcance y que sea obviamente bueno. Como segundo paso se debe preguntar a los que saben del tema y luego, con la lista de las cosas bien claras, visitar los concesionarios, montarse, tocar, medirse y probar ( lo que se conoce como prueba de ruta ).

No hacer ésto es como comprar ropa sin medírsela, sin saber cómo me queda, sólo porque al maniquí que estaba exhibido se le veaía bien. Lo más grave es que lo hacemos sin conocer la calidad del producto, lo cual es difícil saber ya que es un producto que antes no he tenido. Sólo sobre la marcha podré dar mis apreciaciones del mismo, las cuales podrán ser favorables o desfavorables.

Por esto es muy importante lo que yo sienta y guste y también aprenda a escuchar a quienes ya han tenido su experiencia propia. Y sin caer en el juego de muchos llamado “fanatismo de marca”. No todos los modelos de un mismo fabricante son buenos, malos o excelentes y esto se ve en todos los ámbitos.

Averigüe muy bien la garantía, cada cuánto son las revisiones y el costo de las mismas (sume estos valores de cada uno), ya que cada fabricante las maneja de diferente manera. En fin, “hay comprar con la razón y no con el corazón”.

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